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Apoyo a los docentes en emergencia por medio de políticas adaptadas a situaciones de crisis

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Por Karen Mundy, Directora del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de la UNESCO, y Carlos Vargas Tamez, Jefe de la Secretaría del Equipo Especial Internacional sobre Docentes para Educación 2030 y Jefe de la Sección de Desarrollo Docente, UNESCO


Los acontecimientos que están teniendo lugar en Ucrania son un crudo recordatorio de que las crisis pueden sacudir cualquier lugar en cualquier momento. Además, otras crisis en curso, como la de la COVID-19 y diversos conflictos y desastres en todo el planeta, incluidos los ocasionados por el cambio climático, suponen una amenaza para la continuidad y la calidad de la educación, especialmente en el caso de las personas desplazadas. En 2021, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados informó de que en el mundo había más de 84 millones de personas desplazadas forzadas. En 2022 esta cifra tenderá a aumentar pues ya son más de 1,5 millones los niños que han huido de Ucrania.

¿Están preparados los sistemas educativos para responder?

Con frecuencia, los sistemas educativos no están preparados frente a situaciones de crisis, ya sea para acoger la llegada repentina de niños refugiados, proteger la seguridad de los estudiantes y los docentes o tener que cambiar rápidamente a un aprendizaje a distancia. Muchos países carecen de planes de preparación, respuesta y recuperación en casos de crisis, lo que complica aún más las ya caóticas situaciones y limita la orientación y los instrumentos con que cuentan los agentes de primera línea para responder eficazmente.

Además, las escuelas y sus comunidades suelen ser blanco directo de los ataques. Según la Coalición Mundial para la Protección de la Educación contra los Ataques, entre 2015 y 2019 más de 8.000 estudiantes, docentes y otro personal escolar fueron asesinados, heridos, secuestrados, amenazados, detenidos o privados de libertad en 37 países afectados por conflictos. Diversas informaciones señalan que las escuelas están siendo objeto de ataques en Ucrania.

Como se puso de manifiesto con la COVID-19, los docentes —ellos mismos afectados también por las crisis— a menudo son agentes decisivos a la hora de brindar apoyo a otros docentes y a estudiantes por igual. Pueden propiciar una sensación de seguridad y normalidad al tiempo que ayudan a las familias y comunidades distribuyendo información importante. Su apoyo a los estudiantes resulta esencial, pero los docentes solo pueden desempeñar esta función si primero sus necesidades son atendidas. 

Por ejemplo, los docentes deben disponer de medios para enseñar en condiciones cada vez más difíciles, como instalaciones dañadas o aulas sobrepobladas, y han de ser capaces de diferenciar su pedagogía para adaptarse a estudiantes que provienen de sistemas educativos que utilizan otros planes de estudios o idiomas. Puesto que las crisis afectan a los docentes de diferentes formas, ellos también han de recibir un respaldo psicosocial, material y financiero adecuado que les permita desempeñar la función de apoyo que necesitan los estudiantes. 

Apoyo a los sistemas educativos en la formulación de políticas docentes adaptadas a las situaciones de crisis

A la hora de formular y aplicar políticas docentes nacionales, resulta esencial adoptar una perspectiva que tenga en cuenta las situaciones de emergencia y crisis con miras a velar por que los docentes puedan actuar como agentes decisivos de apoyo y protección para garantizar la continuidad de la educación inclusiva y de calidad y promover la cohesión social y la resiliencia. Ello implica anticiparse a los desafíos asociados a la contratación, la distribución, la retención y la capacitación y abordarlos sin dejar de velar al mismo tiempo por el bienestar de los docentes, su seguridad laboral y unas condiciones de trabajo seguras y propicias.

En 2021, los organizadores de la Iniciativa Noruega sobre Docentes aunaron fuerzas con el Equipo Especial sobre Docentes y el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE) con el fin de elaborar un nuevo módulo que sirviera de base para formular y aplicar políticas docentes nacionales adaptadas a situaciones de crisis y emergencia en reconocimiento del importante papel desempeñado por los docentes en la preparación y respuesta ante situaciones de crisis y emergencia.

Este nuevo módulo complementa la Guía para el desarrollo de políticas docentes de 2019. En él se pone de relieve la importancia que tienen las políticas docentes adaptadas a situaciones de crisis para aumentar la resiliencia de los sistemas educativos velando por que las partes interesadas en la educación puedan prepararse y responder ante las crisis. Asimismo, se abordan las diferentes dimensiones de la política docente y se proponen medidas novedosas para respaldar a los docentes en su labor de prevención, mitigación y recuperación en casos de conflicto y desastre. El módulo también incluye ejemplos de países en los que se destacan políticas y prácticas eficaces para la gestión docente en contextos de crisis.

Las políticas docentes que tienen en cuenta las implicaciones de las crisis para la profesión pueden contribuir a incrementar la motivación y la calidad del personal. Tales políticas son esenciales no solo para garantizar que los docentes estén respaldados y protegidos, sino también preparados para ofrecer espacios de aprendizaje seguros y una educación de calidad a los niños vulnerables, protegiendo así este derecho fundamental de todas las personas.

El nuevo módulo sobre política docente adaptada a situaciones de crisis puede descargarse en inglés en el sitio web del Equipo Especial sobre Docentes.

Información sobre la Guía para el desarrollo de políticas docentes

La Guía para el desarrollo de políticas docentes se concibió como un instrumento dinámico para afrontar los nuevos problemas relacionados con la política docente. Se basa en la premisa de que, para aumentar la cantidad y calidad de los docentes, es necesario contar con una política docente integral. A fin de que las políticas docentes resulten eficaces para lograr una educación inclusiva y de calidad, estas deben ser amplias e incorporar distintos aspectos interrelacionados de la profesión, como la contratación y la retención; la educación de los docentes; la distribución; las estructuras profesionales; las condiciones laborales, las recompensas y la remuneración de los docentes; los estándares; la responsabilidad y la gobernanza escolar. Además, las políticas docentes han de estar bien planificadas, dotadas de recursos y armonizadas con otras políticas educativas y no educativas para garantizar su aplicación eficaz.

Foto: Sacha Myers / Save the Children